Como no podíamos aceptar una realidad tan gris decidimos pintar nuestros barrios de colores.

 

Cuando empezamos a gestionar de forma asamblearia un espacio vecinal para que todos juntos pudiésemos crecer y apoyarnos decidimos echar un vistazo al mapa de esta ciudad, Madrid, para descubrir en él pequeños brotes de color que alegrasen un poco el panorama. Y resulta que aquí al lado, en el barrio de Adelfas, en Retiro Sur, se extendía una luz rosa como un pequeño bastión de resistencia contra la sosa y cruel monocromía del asfalto y el hormigón.

Como este color había otros por la ciudad. Colores que nos enseñan que la unión hace la fuerza y dan la alegría necesaria para cambiar, afrontar y mejorar la rutina. Aprendimos que si nuestra calle se llenaba de color también el barrio lo hacía. Y que si pintábamos los barrios daríamos color a la ciudad y quizás así sconseguiremos hasta colorear el mundo.

Por tanto, ante una ofensiva tan gris, nosotros desde nuestro espacio vecinal decimos:

 

San Blas

¡Aúh! ¡Aúh! ¡Aúh!

Montamarta

¡Aúh! ¡Aúh! ¡Aúh!

 

Y caminaremos junto a nuestros compañeros y compañeras del Centro Social Seco.

 

La vida en rosa…

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